Un gesto brusco haciendo deporte, una mala postura por la noche, cargar con mucho peso, pasar muchas horas en la misma posición, situaciones de estrés… todo esto puede producir contracturas o pequeñas dolencias localizadas.

En realidad, una contractura es una contracción involuntaria de uno o más grupos musculares. Cuando se produce, el músculo se encoge y solemos notar una pequeña bola en el punto en el que se ha originado la contractura. Para poder tratar esta zona y corregir la lesión, podemos seguir estos consejos:

– El primer paso es realizar un examen médico por profesionales para diagnosticar la lesión y determinar el grado de la misma. Es importante diferenciar entre un desgarro y una contractura muscular, ya que requieren tratamientos totalmente diferentes.

Aplicar calor en la contractura

– Una vez confirmado el diagnóstico, es muy importante no forzar la zona contracturada y dejar en la medida de lo posible dicha zona en reposo.

– Una de las recomendaciones médicas más comunes para aliviar el dolor es aplicar calor sobre la zona afectada, ya que el calor actúa como analgésico y relajante. Para ello, podemos realizar baños de agua caliente sobre dicha zona o aplicar calor mediante una almohadilla eléctrica. Con ella conseguiremos reducir la tensión muscular y mejorar la circulación.
– Y, si queremos ayudar a que los músculos vuelvan a la normalidad lo antes posible, lo mejor es buscar ayuda de un profesional para realizar un masaje descontracturante sobre la zona.

 

Almohadilla eléctrica Bosch– Cuando la zona está muy inflamada, y es difícil realizar un masaje sobre ella, se recomienda también realizar contrastes de frío-calor, aplicando, por ejemplo, un bolsa de hielo durante unos segundo (siempre evitando el contacto directo del hielo con la piel) y, después, colocar una almohadilla por unos segundos. Las encontrarás de uso lumbar, para el tratamiento de dolores cervicales y de espalda o para una aplicación más general.

Hacre reposo con una contractura

 

Una vez curada la contractura, hay que tener ciertas precauciones para evitar nuevas lesiones. Así, si vamos a realizar una actividad deportiva, es muy importante calentar los músculos antes de comenzar.

La contractura cervical, la contractura de espalda y, en general, cualquier contractura muscular, si no se llegan a curar bien, pueden derivar en dolencias como la tendiditis o la artrosis. Para evitarlas, conviene seguir unos hábitos saludables, como estirar unos minutos cada dos o tres horas, adoptar una postura correcta y cambiarla frecuentemente, dormir las horas necesarias, una buena almohada y mantener una dieta equilibrada.

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